Creemos que un objeto hecho a mano guarda algo que ninguna fábrica puede replicar: tiempo humano. Cada maceta nos conecta con la tierra de la que viene — y con las manos que la formaron, sin prisa, una a una.
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Cada pieza se envuelve individualmente y viaja en un huacal de madera hecho a su medida, emplayado y sellado para resistir el camino. El barro que no pasa el control de calidad se rehidrata y vuelve al torno.
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